Noviembre de 2007
Estimados señores:
Teniendo en cuenta que el rol que la publicidad ha tenido durante las últimas décadas, quisiera, con esta carta, pedirles algunas cosas. Espero que algunos de ustedes sean suficientemente gentiles como para tomarlas en cuenta.
Lo primero que quisiera preguntar es si están ustedes conscientes del rol que tienen actualmente en las sociedades humanas. Durante décadas, los anuncios que han colocado en nuestros medios de comunicación han inducido cambios en la forma en la que la sociedad ha estimado, valorado y apreciado no sólo un incontable número de productos y servicios (que es, sin duda, el motivo por el cual ustedes publican, emiten o transmiten sus avisos), sino también la manera en la que las personas han visto sus propios niveles de confort, sus propias metas y su propia realización personal, sin mencionar la forma en la que consideran correctos o incorrectos ciertos valores.
Lo segundo que quisiera preguntar es si ustedes están conscientes del poder que han tenido durante las últimas décadas. Las palabras e imágenes que han mostrado para transmitir sus avisos y noticias han afectado la manera en la que la gente los ha leído, escuchado o visto al punto de volverse tan influenciados por los medios de comunicación masiva que en ocasiones (y ustedes lo saben) muchos de ellos dejan de lado su propia libertad de pensamiento para seguir lo que ustedes les indican.
Lo tercero que quisiera preguntar es si ustedes están conscientes del poder que aún ostentan. Según como yo y algunas otras personas lo vemos, ustedes todavía son capaces de enseñar a la gente a pensar de manera diferente, y hoy incluso más que antes. El detalles es que aparentemente ustedes gustan de llevar a la gente a la autodestrucción con sus mensajes.
Ahora, para ser justos, permítanme decirles quién (me creo que) soy para venir a formularles todas estas preguntas: Soy un profesor, y esto es lo que he visto entre mis alumnos, parientes y amigos durante las últimas tres o cuatro décadas:
A finales de la década de 1970, mientras el comunismo aún se mantenía al frente de las portadas de los periódicos, ustedes promovieron que el poseer muchas cosas era la clave para una vida feliz. Así, la gente comenzó una búsqueda por ser capaz de comprar cosas para sus hogares tal como harían las hormigas por llevar el último escarabajo muerto hacia sus hormigueros.
Durante la primera parte de la década de 1980, al parecer esto de poseer cosas como un camino a la felicidad no estaba vendiendo tanto como antes. Quizás la gente simplemente lo daba por sentado. Así, su necesidad de animar sus avisos les llevó a escoger la sensualidad como siguiente pieza clave en el rompecabezas de ser exitoso y feliz. De ahí en adelante, la publicidad comenzó a incluir mensajes subliminales o sugerentes instando a los hombres y a las mujeres a pensar un poco más en sexo aparte de en llegar a poseer un montón de cosas, entre ellas sus productos y servicios.
Y éste fue el pensamiento clave de la segunda mitad de la década de 1980; no obstante, para la primera parte de la década de 1990, ya no era suficiente.
Ustedes, por lo tanto decidieron dar a la gente un pequeño descanso. Ya no publicitaban comprar muchas cosas porque la gente lo daba por sentado. Tampoco incluyeron sensualidad porque ya no vendía como antes. Ahora promovieron tener diversión intensamente ahora y pensar en resolver nuestras responsabilidades después (esto, durante la primera etapa de la década de 1990) como la clave para una verdadera felicidad... hasta que alguien apareció con la idea de que tener relaciones sexuales era también una genial manera de divertirse (esto, en la segunda mitad de la década de 1990). Desde entonces —y en consecuencia— la gente no sólo sintió la necesidad de tener muchas cosas, de ser sexy o de divertirse; sino que también enseñaron a las personas a valorar su éxito según la cantidad de popularidad y sexo de la que disfrutaban.
Y con el boom de la Internet, estos pensamientos se esparcieron a nivel mundial.
Para la primera década de este siglo 21, sin embargo, he sido testigo de cómo el materialismo ya no era suficiente, de cómo la sensualidad ya no era suficiente, de cómo divertirse ya no era suficiente, de cómo la sexualidad cruda ya no era suficiente y de cómo la popularidad ya no era suficiente. Así, ustedes se vieron en necesidad de también incluir un poco de violencia para hacer sus comerciales más atractivos.
Ahora, con el fin de ser justos nuevamente, por favor, permítanme interrumpir mi exposición aquí para contarles que estuve haciendo yo mientras ustedes hacían todo eso. Trataré de ser lo más conciso posible.
Durante la primera parte de la década de 1980, cuando comencé a enseñar, y mientras ustedes transmitían una ola materialista entre mis estudiantes, yo insistí en que el dinero no cambia nada si la gente no tenía cerebro, moral, alma y también gente (de preferencia, una familia) con quién compartir todo ello.
Durante la segunda parte de la década de 1980, mientras ustedes transmitían la idea de que la sensualidad era el complemento perfecto para el materialismo, yo me mantuve firme en la premisa de que la sexualidad humana no era algo que debía tomarse al juego, y que quienes lo hicieran pronto aprenderían que ello era una mentira, pero de la manera difícil.
Durante la década de 1990, mientras ustedes insistían con que tener diversión era una de las cosas más importantes en la vida, yo seguía aconsejando a mis alumnos a ser cuidadosos y no sacrificar una taza de futuro por una cucharadita de presente sin sentido. Además, me volví un profesor explícito a la hora de dar orientaciones sobre sexo en clase; y, debo admitir que aquello me costó algunos puestos de trabajo durante aquellos años.
Hoy, en la década 2000, he estado luchando contra la violencia que ustedes han estado esparciendo por los medios de comunicación y contra la necesidad de popularidad que mis estudiantes tienen, enseñándoles que lo único con lo que valía la pena ser valiente era con no quedarse callado cuando alguien supiera que otro estaba haciendo algo malo y lo único con lo que valía la pena ser "violento" era con aquéllos que estaban actuando mal o maltratando a alguien a quien ellos amasen.
Y debo admitir que he "salvado" algunas vidas y que muchos de mis estudiantes me tienen particular cariño. He sido un buen profesor. He hecho mi trabajo y estoy orgulloso de ello.
Pero hay algo que deben saber: Estoy cansado. Este año me jubilo. No quisiera, pero la edad no me permite continuar enseñando al ritmo que lo venía haciendo todos estos años.
Mas estoy preocupado, y es por eso que les estoy escribiendo esta carta.
Por todo lo anterior, señores publicistas, quisiera pedirles, de la manera más amable, que tengan la gentileza de hacer algunas cosas por mí para los años que vienen:
+ Primero que nada, quisiera que transmitan que una vida sencilla es más cómoda que limpiar una casa llena de máquinas, dispositivos y artefactos que rara vez se van a utilizar.
+ Segundo, que la vida también es divertida cuando tienes más de cuarenta años, aun para la mujer que tiene cuatro hijos, senos imperfectos y algunas arrugas en el rostro.
+ Tercero, que el sexo es un acto de comunicación profunda entre dos personas que se aman y no una forma lujuriosa de calmar los vacíos existenciales.
+ Cuarto, que tanto estudiar como ser responsable con los deberes todavía son cosas importantes; y,
+ Quinto, que hay mucho daño que reparar en el mundo de hoy, y que necesitamos repensar y transformar la forma en la que muchas cosas se realizan hoy en día.
Estoy seguro de que aún serán capaces de vender sus productos y servicios con esta nueva ola de pensamientos positivos. Mi pregunta final es: ¿lo harán? ¿Quién sabe? Incluso es probable que lleguen a vender más si lo hacen.
Tómenlo como la última voluntad de este humilde hombre que ha servido a sus hijos durante las últimas cuatro largas décadas.
Agradezco a la revista Heptagrama por publicar esta carta en su revista.
Un cordial saludo,
Mi nombre no es importante.
Heptagrama.com: la web en síntesis.
Algunos derechos reservados.
Arte y expresión + Opinión