Mira amor, no te asustes.
No necesito a nadie jurando amor eterno
ni planes de futuro compartido,
sólo quiero tus dedos
recorriendo mi espalda,
tus labios
cantándome al oído
tan quedo
que no llego a entenderte,
tus manos
dibujando
los montes y los valles
de mi cuerpo.
Quiero esa obscenidad
que me hace sentir hembra.
El fuego
que me convierte en llama.
Tu fuerza
que reaviva mi sangre.
Quiero empezar a hablar
y que me calles con tus besos,
que no me dejes
meter el mundo
entre las sábanas,
perderme entre tus brazos y tus piernas
y dedicarme sólo
a ser amada.
Quiero olvidar que hay otra vida fuera
enroscada en tu cuerpo,
cogida a tus caderas
mientras deseo
sentir tu sexo ardiente.
Quiero que me regales
el placer infinito
de abandonarme
a tu boca,
a tus manos,
a tu lengua.
Y me sabes amar
como no lo ha hecho nadie,
sin permitir ninguna interferencia,
ni reproches, ni disputas absurdas,
ni esperanzas baldías.
Sólo dos cuerpos
deseosos de vida y de presente.
Y no temas amor,
sólo eso necesito,
que me hagas el amor
cual goma de borrar
que limpia sinsabores
mas luego
márchate,
abandona mi cama.
Magdalena Márquez (Madrid, 1961) es docente de Secundaria. Intenta enseñar a través de dos de sus grandes pasiones, la literatura y el cine. A veces tiene suerte y consigue que los chavales las compartan.
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